Encuentro con “Da Craterman – mundialmente famoso en Samoa”

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El día empezó mal. Nuestro taxi llegó 30 minutos tarde, lo cual no es tan terrible considerando que estábamos en la hora de la isla, pero estábamos desesperados por vencer al sol del mediodía en nuestro viaje de ida y vuelta de seis horas al cráter del monte Matavanu. A pesar de esto, saludamos alegremente a nuestro conductor que nos dejó en la base del cráter.

Comenzamos a un ritmo decente, nuestras resistentes botas de monta√Īa nos sirvieron bien. Sin embargo, una hora despu√©s nos dimos cuenta de que hab√≠amos sido est√ļpidamente complacientes: con solo un frasco de agua, ya medio bebido, √≠bamos a luchar para mantenernos hidratados.

No importa, pensamos. Continuemos. Aproximadamente 6 km adentro, nos detuvimos para evaluar nuestro progreso. Faltaban 2 km más, lo que, en ese momento, parecía fácil. En Londres, podría ejecutar eso en unos 12 minutos; seguramente llegaríamos al cráter en media hora.

Oh, qué equivocados estábamos. A estas alturas, el calor de 30 grados estaba en toda su fuerza, golpeándonos implacablemente. Tuve que parar y descansar cada pocos minutos, sintiéndome mareado y aturdido. A veces, me sentí mareado, nunca había estado tan caliente en mi vida.

Cuando finalmente alcanzamos su punto máximo una hora más tarde, me tumbé en el suelo durante cinco minutos completos antes de levantarme.
“Esto es hermoso”, dije, todav√≠a jadeando, “pero no estoy seguro de que haya valido la pena”.
‚ÄúVali√≥ la pena‚ÄĚ, dijo Peter, colocando su SLR.

Atlas y botas

El cr√°ter de Matavanu tiene media milla de circunferencia y 200 m de profundidad. Sus erupciones m√°s recientes ocurrieron desde 1905 hasta 1911, fluyendo m√°s de 40 millas cuadradas y destruyendo una multitud de aldeas a su paso. ¬°En algunas √°reas, la profundidad del flujo de lava fue de hasta 400 pies! Se dice que Matavanu volver√° a explotar en alg√ļn momento de mediados de este siglo, seguramente devastador si lo hace o cuando lo haga.

Pasamos media hora al borde del cráter, con cuidado de no acercarnos demasiado a la vertiginosa caída. La vista era impresionante pero, sorprendentemente, no fue lo más destacado de nuestra caminata; no, ese sería Da Craterman, el personaje más grande que la vida responsable de mantener la pista hasta el cráter.

Da Craterman vive a mitad de camino del volc√°n en un destartalado fale. Bebe agua de lluvia que guarda en un cilindro grande y pasa la mayor parte del tiempo solo, y sin embargo es una de las personas m√°s sociables que hemos conocido en la carretera.

Nos dijo que nunca se hab√≠a ido de Savai’i, pero que no se arrepinti√≥ de que el mundo se hubiera acercado a √©l. Blandi√≥ su libro rojo en el que registra minuciosamente los nombres y or√≠genes de cada visitante que llega al cr√°ter. Nos dijo con orgullo que hab√≠a recibido visitantes de 133 pa√≠ses (¬°incluidos Madagascar, Congo e Irak!).

Cuando le dije que mi familia era bangladesí, revisó su libro, dos veces, antes de declararme encantado como el primer bangladesí en escalar el cráter. (No tengo pasaporte de Bangladesh, pero decidimos que mi herencia cuenta).

Da Craterman se da cuenta de que Kia es su primer visitante de Bangladesh

Nos despedimos y continuamos nuestro descenso, casi desmayándonos en el camino. No mentiré: hacia el final, hay algunas lágrimas de agotamiento.

Quiso la suerte que tres estudiantes de medicina hab√≠an visitado el cr√°ter por la ma√Īana y conduc√≠an por el sendero. Los hicimos se√Īas, desesperados por descansar. Reorganizaron su coche para dejarnos espacio y nos entregaron grandes contenedores de agua que bebimos agradecidos. Mientras me recostaba, me pregunt√© cu√°ndo fue la √ļltima vez que Da Craterman sinti√≥ la brisa refrescante del aire acondicionado o tuvo suficiente agua para desperdiciarla por un derrame. Probablemente fueron meses, si no a√Īos. Es curioso: parec√≠a m√°s feliz que yo o mis compa√Īeros londinenses.


Imagen principal: Atlas y botas

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