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Muy lejos de casa

noviembre 10, 2020

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Bueno, esto supera al A12. Si estuviera en casa, estar√≠a tomando mi caf√© de la ma√Īana en nuestro apartamento del quinto piso, observando y escuchando el tr√°fico a lo largo de la concurrida carretera y el cruce de abajo. Los trenes entrar√≠an y saldr√≠an de la estaci√≥n de metro de Newbury Park, llevando a miles de viajeros al trabajo en el bullicioso y concurrido centro de Londres. No estoy en casa. De hecho, estoy muy lejos de casa.

Son las 5.30 de la ma√Īana y acaba de salir el sol. Estoy bebiendo caf√© negro reci√©n hecho cultivado localmente en Tanna, una isla volc√°nica en Vanuatu. No hay leche, pero he puesto bastante az√ļcar para compensar. Nos destacaron en nuestro balc√≥n en Surfside en el √°rea de Pango de Efat, Vanuatu. Hay una brisa fuerte y fresca que viene del oc√©ano y la marea est√° baja. Detr√°s de nosotros, la luna todav√≠a est√° alta en el cielo, mientras que a la izquierda, el sol se eleva sobre el horizonte pintando las nubes en un tono rosado suave. Las olas rompen a pocos metros debajo de nosotros.

“¬ŅQu√© m√°s podr√≠amos pedir?” Pregunta Kia.
“Quiz√°s un poco de leche”, digo con una sonrisa.

El desfase horario ha asegurado que nos levantemos temprano. Llegamos a las dos de la tarde de ayer, después de un larguísimo viaje desde Londres pasando por Singapur y Australia. En total, pasamos unas 24 horas en un avión y nos llevó casi 36 horas desde el despegue en Londres hasta el aterrizaje en Port Vila a través de tres continentes. Estábamos agotados y necesitábamos desesperadamente una ducha, pero lo más importante es que llegamos sanos y salvos con nuestro equipaje y, aparte de un poco de arroz y curry derramados en mis pantalones en el segundo vuelo, sin contratiempos.

Despu√©s de despegar en Brisbane, me dorm√≠ y me despert√© poco despu√©s con arrecifes de color turquesa, playas de arena e islas verdes debajo de nosotros. Comprobando nuestra ruta de vuelo, supongo que eran Nueva Caledonia, pero no puedo estar seguro. Nuestros primeros destellos de nuestro destino fueron bastante dram√°ticos, pero no todo fue cielos azules y arenas blancas de ensue√Īo. Era media tarde, nublado y lloviendo.

Despu√©s de una cola bastante larga en la aduana, una sonrisa y un sello del funcionario, agarramos nuestro equipaje en espera de la cinta transportadora, r√°pidamente cambiamos algunos d√≥lares por moneda local (Vatu) y salimos para tomar un taxi hacia nuestro alojamiento. Descubrimos que la isla es tropical, exuberante y verde, c√°lida y h√ļmeda, pero con una brisa fresca del oc√©ano.

Cuando llegamos al hotel, hubo una peque√Īa confusi√≥n: es posible que tengamos que cambiar de habitaci√≥n para nuestra tercera noche, pero Samantha, la propietaria australiana, nos dice que ‚Äúno se preocupe‚ÄĚ. Confiamos en que ella lo arreglar√° y nos dirigimos a nuestra habitaci√≥n. Est√° justo en la playa, aireado y fresco con una gran vista. Los techos son de paja y la decoraci√≥n es sencilla, perfecta.

Est√°bamos absolutamente destrozados, as√≠ que despu√©s de una ducha r√°pida y un corto paseo por la playa, decidimos tomar una siesta r√°pida y levantarnos a las 6 pm para la cena. Eso no sali√≥ como estaba planeado. Doce horas m√°s tarde, nos despertamos despu√©s de nuestra “siesta r√°pida” y aqu√≠ estamos, lo m√°s lejos que hemos estado de casa. El primer d√≠a de ‚Äúel viaje de nuestra vida‚ÄĚ. Eso es todo. No puedo comprenderlo del todo. Esta ma√Īana, estamos sentados en nuestro balc√≥n mirando el amanecer a trav√©s del Oc√©ano Pac√≠fico y oliendo el aire del mar. Si esto es una se√Īal de lo que vendr√°, entonces … bueno, ¬Ņqu√© m√°s podr√≠amos pedir?

Estamos aqu√≠ y estamos felices. Tomar√° un tiempo asimilarlo, pero ¬Ņsabes qu√©? Sin preocupaciones. Vamos a desayunar a la casa de la playa.


Imagen principal: Atlas y botas

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