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Regreso a la India parte II: la historia de mi padre

noviembre 10, 2020

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En la primera de esta serie de dos partes, Peter relat√≥ su historia de la India en busca de los amigos perdidos de su padre. Cinco a√Īos despu√©s de su visita inicial, padre e hijo regresan a la India para reunirse con esos amigos. Aqu√≠ est√° la historia de su padre.

Este artículo apareció en el sitio web de la revista Traveler de National Geographic el 14 de febrero de 2015

Nochebuena de 2013. Era media tarde y el sol nos calentaba la espalda. Nos paramos en la terraza del tejado mirando hacia las calles polvorientas. Soplaba una brisa suave que apenas agitaba la mara√Īa de cables de electricidad y tel√©fono que se extend√≠an entre las casas en este suburbio relativamente rico de Bhilwara, Rajasthan.

Cada casa estaba pintada en diferentes tonos pastel de azul, verde y melocotón y se contrastaba con un cielo azul. Estaba tranquilo y las carreteras estaban casi vacías.

Esto fue realmente sorprendente, ya que esto era India.

Estuve con los hermanos Joshi, Satynarain y Radheshyam, y con mi hijo, Peter, que había sido fundamental para que volviera y buscara a estos dos viejos amigos en Bhilwara.

Hace m√°s de 40 a√Īos, hab√≠a ense√Īado junto a Radheshyam. Tanto √©l como su hermano hab√≠an hecho todo lo posible para dar la bienvenida al ingl√©s solitario que parec√≠a tan perdido en esta cultura totalmente extranjera. Estaba a punto de completar mi √ļltimo a√Īo de formaci√≥n docente y ten√≠a muchas ganas de ver el mundo e intentar hacer algo para “ayudar”. Solicit√© el servicio Voluntary Service Overseas y, para mi sorpresa, me aceptaron y me pidieron que comenzara un nuevo proyecto.

Result√≥ ser un momento incre√≠ble que me impact√≥ profundamente. Me las arregl√© para mantener correspondencia durante mucho tiempo con Radheshyam, pero finalmente esto pas√≥ y perdimos el contacto. Luego, hace cinco a√Īos, mi hijo, Peter, despu√©s de haber escuchado tantos de mis cuentos que hab√≠an comenzado con “Cuando estaba en la India”, y habiendo cogido el virus de los viajes, decidi√≥ ir a la India y ver si pod√≠a localizar mis amigos perdidos hace mucho tiempo. Era una posibilidad remota, pero las cosas suelen suceder en la carretera. Recibi√≥ el mismo tipo de bienvenida que yo hab√≠a recibido.

Reencuentro con su viejo amigo Satyanarayan Joshi, 2013

Entonces, ¬Ņqu√© hay de esta India? Esta tierra que recordaba de hace tanto tiempo. Esta tierra de color intenso. Qu√© luz. El infinito azul del cielo y el polvo marr√≥n que parec√≠a estar por todas partes. En los mercados, el aire cargado de olor a especias, hab√≠a mujeres con piel como cuero, brazaletes de plata y collares de plata, faldas tradicionales rojas y azules brillantes y blusas con pa√Īuelos en la cabeza echados hacia adelante sobre la cara por modestia, en cuclillas, rodeadas de cestas rebosante de verduras, pimientos verdes pulidos y cal√©ndulas de naranja. El ruido y el bullicio continuo. Autobuses abarrotados repletos. Sus taxis decorados: un santuario chill√≥n dedicado a alguna deidad hind√ļ. Grandes trenes de vapor negros tronando a trav√©s de llanuras √°ridas y amarillas entre l√≠neas de relucientes colinas p√ļrpuras que parecen m√°s una escena de una vieja pel√≠cula del Oeste.

Y siempre el calor despiadado. Vuelve a casa de la escuela rápidamente y párate en la ducha fría antes de cerrar el agua hasta la noche. Siéntese frente al ventilador eléctrico, ah, se ha vuelto a cortar la luz. Espere la noche cuando los pavos reales griten mientras el sol se aleja rápidamente y la noche es espesa y las estrellas muy cerca.

Y la gente.

Personas que quieren hablar, participar, ser su amigo de por vida, su hermano, mirar y hacer preguntas, y luego más preguntas, como el babu en pijama blanco que se sienta frente a usted en el tren, que desea mostrar todos en el carruaje lo bueno que es su inglés, y sí, estaría viajando hasta Nueva Delhi donde estaría feliz de mostrarles a todos, y me refiero a todos, las maravillosas vistas de esta maravillosa ciudad.

Y los ni√Īos de la escuela, vestidos impecablemente con uniformes impecables y limpios, haciendo fila ante la bandera para la asamblea de la ma√Īana. Esto siempre se llevaba a cabo en el techo al fresco de la ma√Īana y era un asunto de lo m√°s serio. Aqu√≠ hab√≠a orden y compromiso.

El ruido, el drama y el bullicio constante en las carreteras principales bordeadas de puestos de tchai. Vacas de pie pl√°cidamente en la calle mirando con desinter√©s. Cerdos husmeando en busca de desechos. Cometas rojas dando vueltas por encima y alg√ļn que otro hombre santo vestido azafr√°n marchando de tienda en tienda con la mano extendida.

M√ļsica de la √ļltima pel√≠cula hindi sonaba por la calle entrando por la ventana, anunciando algo u otro. Y, por supuesto, la pobreza. Personas sin nada m√°s que lo que tienen en brazos. Y hay tantos. Aqu√≠ no hay red de seguridad. No hay garant√≠as sobre ma√Īana.

Pero, sin embargo, parece haber optimismo, algo de esperanza incluso frente a probabilidades imposibles.

Pero todo esto es memoria almacenada, un caleidoscopio de v√≠vidos flashbacks. ¬ŅC√≥mo puedo archivar y ordenar estos pensamientos y emociones?
¬ŅY c√≥mo fue volver?
Maravilloso.
¬ŅLo mismo?
Si lo mismo. No es diferente. Mas gente. M√°s concurrido. M√°s tr√°fico. Pero igual.

Como siempre, lleno de contradicciones y tan confuso como cuando estuve allí antes. Pero uno nunca puede ser indiferente a la India. Siempre parece inducir una reacción y, a menudo, reacciones contrastantes y diametralmente opuestas que bien pueden cambiar en unos minutos.

Originalmente hab√≠a llegado pensando que ayudar√≠a a hacer algunos cambios para mejorar las cosas. Sin embargo, muy pronto uno se da cuenta de la inmensidad de tal idea e incluso de la presunci√≥n. Entonces eso es reemplazado por la pregunta, bueno, ¬Ņqu√© es exactamente lo que quiero cambiar? Claramente, para elevar el nivel de vida de muchos y trabajar para reducir la pobreza. Pero, ¬Ņeso va de la mano con la importaci√≥n del materialismo, la industrializaci√≥n y la contaminaci√≥n? Ciertamente, recib√≠ mucho m√°s de lo que di.

Al final, me qued√© de pie en el techo bajo el sol pregunt√°ndome a d√≥nde se hab√≠an ido todos esos a√Īos. Con qu√© facilidad se hab√≠an escapado. Mientras estaba all√≠, sent√≠ que Radheshyam tomaba mi mano y la apret√≥ suavemente. Parec√≠a entender mi confusi√≥n y era como si nunca me hubiera ido.

Por supuesto, todavía me ha dejado más preguntas que respuestas.

Quedo muy agradecido con mi hijo por sus ánimos para regresar, su apoyo, su interés y su amor.


Imagen principal: Atlas y botas

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