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Un día terrible en Areguá, Paraguay

noviembre 10, 2020

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Con su vista al lago, calles adoquinadas y casas coloniales, Aregu√°, Paraguay, parec√≠a el lugar perfecto para una excursi√≥n de un d√≠a. Oh, qu√© equivocados est√°bamos …

En Paraguay, nos encontramos en una situaci√≥n poco com√ļn: en lugar de varias semanas para explorar el pa√≠s, solo ten√≠amos unos d√≠as. El tiempo y el dinero se estaban acabando y quer√≠amos llegar a Brasil antes de volver a casa. Como tal, solo pudimos ver una ciudad fuera de la capital de Paraguay, Asunci√≥n.

Consideramos las ruinas de la UNESCO de La Sant√≠sima Trinidad de Paran√° y Jes√ļs de Tavarangue pero a una distancia de 400 km, no eran exactamente econ√≥micas en t√©rminos de tiempo. En cambio, nos decidimos por Aregu√°, un peque√Īo pueblo a 28km de la capital.

Aregu√° se describe en las gu√≠as con una serie de atractivos adjetivos: “hist√≥ricas calles adoquinadas” y “exquisitas casas coloniales” en medio de “exuberantes colinas” con una “posici√≥n envidiable con vistas al lago Yparaca√≠”.

Leemos sobre su ambiente de pueblo, su pintoresco muelle y c√≥mo ha “atra√≠do a todo tipo de artistas y tipos literarios a lo largo de los a√Īos”. Claramente, era perfecto para una excursi√≥n de un d√≠a.

Llegamos a la Terminal de Omnibus en Asunci√≥n a media ma√Īana y le preguntamos a un guardia de la estaci√≥n d√≥nde encontrar el autob√ļs a Aregu√°. Nos envi√≥ al segundo nivel de la estaci√≥n. All√≠, le preguntamos a un vendedor de boletos que nos envi√≥ de regreso a la planta baja. All√≠, preguntamos en la peque√Īa oficina de turismo y nos enviaron afuera y al otro lado de la calle.

Detuvimos un autob√ļs que pasaba y le preguntamos al conductor si iba a Aregu√°. Sacudi√≥ la cabeza y se√Īal√≥ la estaci√≥n.

Quiz√°s deber√≠amos haberlo tomado como una se√Īal de que Aregu√° no estaba destinado a ser, pero perseveramos. Al cruzar de regreso, vimos un autob√ļs con ‘Aregu√°’ en el frente. Lanz√°ndonos entre los veh√≠culos que pasaban, corrimos para atraparlo. Logramos abordar, pagar y encontrar dos asientos.

El autob√ļs estaba lleno, as√≠ que asumimos que Aregu√° era un viaje de un d√≠a popular para los lugare√Īos, tal como dec√≠a la gu√≠a. Nos acomodamos para el viaje de 28 km, esperando que nos lleve unos 40 minutos.

Atlas y botas La Candelaria de Aregu√°, Paraguay

Casi dos horas despu√©s, todav√≠a est√°bamos sofocados en el autob√ļs. Hasta el d√≠a de hoy, no tenemos idea de por qu√© tom√≥ tanto tiempo. No hab√≠a tr√°fico y no era como el maldito autob√ļs Ipiales-Quito en Ecuador que para cada 10 minutos para recoger a los vendedores ambulantes. Solo puedo suponer que entr√≥ en una especie de extra√Īo continuo espacio-tiempo y nos escupi√≥ en el otro lado.

En la marca de las dos horas, volví a consultar con el conductor.
‚ÄúAregu√° estaba 10 minutos atr√°s‚ÄĚ, me dijo en espa√Īol.
“¬Ņ¬°Qu√©!? ¬°Tenemos que parar por favor! “

Patin√≥ hasta detenerse y nos dej√≥, solo a nosotros dos, bajar del autob√ļs. Est√°bamos completamente bloqueados. El bus hab√≠a dicho ‘Aregu√°’ en el frente, le hab√≠amos dicho al conductor que √≠bamos a Aregu√° y Se supon√≠a que era un lugar popular para excursiones de un d√≠a para los lugare√Īos y, sin embargo, de alguna manera hab√≠amos logrado terminar solos en esta vieja y polvorienta carretera.

Caminamos 10 minutos de regreso a la ciudad y allí nos detuvimos confundidos.
“¬ŅEsto es Aregu√°?” le preguntamos a un peque√Īo grupo de hombres api√Īados en una plaza.
“S√≠”, confirmaron.
“¬ŅD√≥nde est√° el centro?”

Seguimos sus instrucciones hacia el centro y llegamos a un peque√Īo patio y una iglesia. Ten√≠amos una vista del lago Ypacara√≠ pero no mucho m√°s.

“¬ŅEs esto?” Le pregunt√© a Peter.
“Creo que s√≠‚Ķ”

Consideramos caminar hasta el lago, pero no pudimos obtener direcciones consistentes y sospechamos que ser√≠a decepcionante de todos modos. Tomamos una coca sin gas en un peque√Īo caf√© al borde de la carretera y dimos un paseo por la ciudad. Seguramente, ¬Ņten√≠a que haber m√°s que esto?

Atlas y botas Lago Ypacaraí

Al cabo de una hora pasamos por la Avenida Mariscal Estigarribia, que estaba un poco más animada. Claramente, este era el centro turístico. Si no hubiéramos viajado dos horas para llegar allí, es posible que hubiéramos apreciado un poco más la artesanía y la cerámica, pero estábamos pegajosos, agotados y decepcionados.

Vimos un cartel de paella y, con el estómago rugiendo, nos dirigimos directamente hacia él. Como aprendimos en Asunción, el servicio de restaurante en Paraguay puede ser desconcertante y Areguá no fue diferente. Al entrar a La Cocina de Gulliver, no encontramos a nadie alrededor. Esperamos pacientemente y luego llamamos unas cuantas veces.

Una mujer corpulenta sali√≥, escoba en mano, completamente desconcertada por qu√© dos clientes estaban en un restaurante buscando comida. Pedimos men√ļs que no hab√≠a ninguno, as√≠ que preguntamos qu√© se ofrec√≠a. Ella nos hizo una lista.

Verificamos el precio de la paella y ella dijo: “Noventa mil”.
“Noventa mil?” Lo comprob√©.
“Si. Noventa mil ‚ÄĚ.

A $ 15 USD, era un poco m√°s caro de lo que permit√≠a nuestro presupuesto, pero, como dije, est√°bamos pegajosos y agotados, as√≠ que decidimos darnos el gusto. Nos llev√≥ a una mesa en la parte de atr√°s, momento en el que sali√≥ otra se√Īora y tom√≥ nuestro pedido. Optamos por la paella de marisco.

Durante el transcurso de la comida, a) esperamos 45 minutos por nuestra comida, b) descubrimos que la paella de mariscos viene con grandes trozos de pollo que yo no como, c) nuestra jarra de bebida se derram√≥ sobre nosotros, nuestra ropa y la mesa, d) se trasladaron a una mesa directamente al otro lado de los ba√Īos a pesar de que el restaurante estaba completamente vac√≠o ye) nos dimos cuenta de que no est√°bamos recibiendo bebidas de reemplazo porque todav√≠a quedaba algo en la jarra.

Nuestras corteses sonrisas británicas estaban en grave peligro de desvanecerse, así que decidimos salir de allí. Pedimos nuestra factura que llegó a un inesperado total de $ 40.

Ahora, teniendo en cuenta que nuestro presupuesto diario incluyendo comida, viaje y alojamiento era de $ 60, est√°bamos completamente horrorizados. Rara vez, si acaso, pagamos tanto por un plato principal en Londres y mucho menos por un peque√Īo restaurante al borde de la carretera en Paraguay.

Atlas y botas Artesanía y cerámica

Pregunté por qué la factura era tres veces mayor que la cotizada. La mujer que nos atendió afirmó que su colega, que ahora convenientemente había desaparecido, no nos habría dicho que el plato era noventa mil porque era mucho más.

Fue completamente infructuoso discutir, as√≠ que pagamos y nos fuimos, sinti√©ndonos enfermos por haber pagado m√ļltiplos de lo que ya era un precio extravagante.

Pasamos la siguiente media hora buscando la parada correcta de autob√ļs de regreso a Asunci√≥n. Mientras esper√°bamos, decidimos revisar nuestras fotos, momento en el que nos dimos cuenta de que la tarjeta SD se hab√≠a da√Īado. Sudando bajo el sol, nos preparamos para volver a entrar en el continuo espacio-tiempo y juramos que nunca regresar√≠amos.

Y ese fue nuestro día en Areguá.


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Fotografía: Leandro Neumann Ciuffo, Creative Commons

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